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Pequeños Adictos

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enero 23, 2024 by Rosemary Deja un comentario

Traducción al español

Cuando éramos pequeños, no tomábamos melatonina para dormir; salíamos de casa por la mañana y solo reaparecíamos por casa para comer, para después salir a la calle a jugar de nuevo. ¡Dormíamos como troncos de tanto salir y ni nos quedaban energías para meternos en líos! No había deberes y todos los programas de televisión estaban censurados, por tanto, parábamos poco delante la caja tonta. 

Mis mejores recuerdos de la infancia son de cuando jugaba al aire libre– daba igual que marcara 5 grados bajo cero en la calle– aún recuerdo el frio intenso del bosque en el que me metí sola, con los árboles desnudos y cubiertos de escarcha, y como se me helaban los dedos, o los días de intensa niebla, jugando al escondite con los amigos del pueblo, y los días de verano en los que me iba en bicicleta durante horas con mi mejor amiga, sin llevarme nada salvo la ropa que tenía puesta y mi bici: no tenía a mi madre recordándome que llevara agua; cuando regresara a casa ya bebería agua o leche, y una botella entera si fuera necesario, y aún recuerdo el sabor exquisito de esa leche, tan fría y reparadora, tan anhelada después de muchas horas de sed. No llevábamos cascos, ni rodilleras, ni coderas ni leches, y eso que aún recuerdo las tremendas velocidades que alcanzábamos bajando cuestas sin ni poner las manos en el manillar. Caminaba sobre vallas de dos metros y si me caía debajo en las ortigas pues mal asunto, pero nadie me regañaba, y subía la pared de tres metros de casa para tumbarme allí a leer porque mi madre, con cinco hijos, ni sabía dónde estábamos la mayor parte de las veces; pero el caso es que ahora los niños apenas suben, ni trepan, ni leen. Eran otros tiempos y por desgracia, jamás volverán. 

Yo creo que todos los padres cometemos el mismo error de querer que nuestros hijos tengan la misma juventud que tuvimos nosotros, pero eso es imposible porque vivimos en un mundo de constante evolución. Los niños ya no leen Enid Blyton, y les importan un bledo la cerveza de jengibre, corretear bajo el sol, las piratas o los escondites secretos. Hoy en día solo quieren Harry Potter, cuyos escenarios se desarrollan casi por entero en oscuros sombríos colegios y castillos sin apenas ver la luz del día, y eso si leen el libro, porque la mayoría solo ven la peli, pero es una muestra de la tendencia creciente de los niños a estar cada vez menos horas en la calle. Ya hay padres que me cuentan que sus hijos han sido diagnosticados con déficit de vitamina D y me pregunto ¿cómo es posible eso en el país del sol? Porque apenas pisan la calle. Ya hay iPads, tablets y móviles sin ningún tipo de censura, y está demostrado que una pantalla causa el mismo nivel de serotonina en el cerebro de un niño que la droga, y la mayoría de nuestros hijos usan los dispositivos más tiempo que el recomendado. El uso de pantallas provoca una sobreestimulación del cerebro, por tanto, otras actividades menos estimulantes empiezan a parecerse aburridas, y cada vez más estudios están relacionando un excesivo uso o una exposición temprana a las pantallas a trastornos como déficit de atención e hiperactividad y autismo, dado que la sobreestimulación causada al cerebro por el mal uso de las pantallas directamente impacta a la capacidad del niño a centrarse en tareas más mundanas que les estimulan menos el cerebro. Es por eso que nuestros niños parecen atontados y aturdidos, un poco como los zombis de la epidemia del fentanilo en los Estados Unidos, lentos y con dificultad para reaccionar, con la cabeza agachada y el cuerpo doblado con su mirada casi siempre puesta en su móvil. 

Y por no hablar del efecto devastador, terrorífico e incalculable de la pornografía en nuestros jóvenes: empiezan a ver violaciones y pedofilia a edades tan tempranas como los 8 años en muchos casos. El gobierno no censura las redes porque detrás del contenido que ven nuestros niños hay un negocio que trae billones de euros, por tanto, los padres deberían censurar las pantallas porque los niños no tienen los recursos para procesar imágenes tan perturbadoras, y nuestra sociedad está enfermando. Ante la irresponsabilidad del gobierno, los padres deben de poner controles para bloquear contenido inapropiado y limitar tiempos de uso y si no lo hacen, que asimilen las consecuencias si su hijo se ve implicado en una violación en grupo, porque a los jóvenes ya les cuesta entender lo que es una relación sexual sana ante el bombardeo de imágenes pornográficas. Según los estudios,10% de la población tiene adicción a la pornografía y nuestros hijos podrían estar entre ese 10% si no tomamos medidas. Pronto se podrá hacer el amor con robots y cada avance es un paso atrás para nuestra salud mental, solo trayendo consigo más soledad y aislamiento…

Hoy en día, cuando te topas con un grupo de adolescentes en la calle, apenas están interactuando, sino la mayoría están con sus móviles y la sociedad es cada vez más individualista debido a la tecnología. Los jóvenes quedan menos y se relacionan cada vez más por medio de juegos online o llamadas de Instagram, porque los colegios están dando cada vez más deberes y no tienen tiempo para quedar físicamente. Los niños ahora apenas tienen hermanos y un tercio de los niños son hijos únicos, por tanto, el tiempo que los niños están físicamente con otros niños se ha reducido de forma sustancial, llevando a una falta de apoyo social, y el número de suicidios infantiles no para de aumentar… El iPad o el Tablet casi se ha convertido en el mejor amigo de los niños, cada vez más enganchados a la tecnología y desconectados de la realidad. Por no hablar de los peligros de los retos Tik Tok, que han traído consigo muchas víctimas mortales, el acoso en las redes, los haters que inundan las páginas de toxicidad, y solo hace falta leer los comentarios del grupo de WhatsApp de clase de tu hijo para preguntarse qué es lo que ha fallado en nuestra la sociedad y la forma en que los niños se hablan entre sí, con tacos, insultos, hablando de violar a la madre de otro, y el niño de la madre en cuestión ni sin reaccionar ni ofenderse porque ya tienen tan normalizadas estas conversaciones tan tóxicas. Para más inri, hay menores creando grupos de WhatsApp con contenido pornográfico, incluyendo a compañeros sin su consentimiento y estamos avanzando hacia una sociedad cada vez más violenta y perturbada, y muchos padres siguen sin reaccionar. Hasta en las reuniones de los colegios hablan a los progenitores de cómo los niños están banalizando la violencia y, aun así, la mayoría de los niños siguen con acceso a imágenes muy duras que les insensibilizan cada vez más. 

Los padres son los responsables de controlar el uso de pantallas de sus hijos, pero son pocos que lo hacen. Cuando vas al médico, ves a padres sujetando el móvil para que su bebé vea una película, forzándoles la vista con una pantalla tan pequeña, y a los padres les duele el brazo de tanto sujetarles el móvil, pero, por algún motivo, prefieren eso a tener que interactuar con ellos o leerles un cuento. O incluso ves a bebés y niños pequeños en sus carritos sujetando el móvil de sus padres y yo simplemente no entiendo el por qué. Luego en los hoteles, en vez de charlar juntos y disfrutar del tiempo en familia, muchos de los niños están cenando delante de sus tablets y yo simplemente no entiendo el por qué. Y aunque mi hijo y sus amigos juegan mucho con mi hija pequeña, en cuanto reciben un mensaje en sus móviles, de repente olvidan de su presencia, y huelga decir que mi hija se ha caído del sofá, y en otros tiempos hay que preguntar si esto habría pasado…

Actualmente, servicios sociales están tratando más casos de adicción a las pantallas que a la droga. ¿Y qué? ¿Deberíamos estar agradecidos? En mi opinión no, sino tiene que haber censura y límites de uso y muchos. Solo China acierta. En el gigante asiático, los adolescentes de entre 16 y 18 años solo podrán acceder a Internet en sus móviles durante 2 horas al día. Quienes tengan entre 8 y 15 años, tienen autorizada una hora por día. Y los niños que tengan menos de 8 años, 40 minutos. Los niños no controlan el uso solos, los padres apenas limitan la cantidad de horas que dedican a las pantallas o el contenido que ven y nuestra sociedad no está tomando cartas en el asunto. Una generación perdida, cuyo coeficiente intelectual es la más baja de toda la historia porque los niños ya apenas leen y la gente sigue sin reaccionar… 

Es más, la incidencia de cánceres entre los jóvenes está aumentando de forma exponencial. Dicen que es porque la dieta es cada vez más anglosajona pero los anglosajones siempre han comido mal, por ello hay que considerar otros factores para explicar esta tendencia, y uno de ellos es que hoy en día los jóvenes hacen mucho menos ejercicio que antes…

Los adolescentes de hoy se han vuelto sumamente sedentarios y ahora la actividad principal de muchos es estar con sus dispositivos y, como cualquier adicción, cuánto más tienen, más quieren. Se acerca un puente de octubre y les hablamos a los niños de pasar un fin de semana largo en Valencia en la playa y de lo maravilloso que es el Oceanográfico para visitar y solo escuchamos “¿pero a nosotros qué? ¡pero es que nos importa un carajo el Oceanográfico!”, como si fuera una imposición más, y huelga decir que nos ahorramos los gastos de hotel y de gasolina porque para qué gastar dinero en tiempos de crisis solo para escuchar a los niños quejarse de lo duro que son sus vidas por tener que pasar un fin de semana largo en la playa… 

Y, además, ya hay cada vez más leyes protegiendo los derechos de los niños al respecto. Que los padres no pueden luchar con ellos para quitarles los móviles, que no pueden mirarles los mensajes, dando cada vez más poder a los niños en un tema que no controlan, y quitándoles cada vez más la autoridad a los padres en la generación copo de nieve en la cual todo se hace para sobreproteger a los niños, y en la que todo el mundo me hace parecer una monstrua por quitarle el móvil a mi hijo en casos de mal uso. “No lo hagas”, dicen, “así le conviertes en tu enemigo”; “No lo hagas”, dicen, “que lo necesiten para contactar con los amigos”. ¡Pero es que los ve todos los días y nosotros vivíamos sin móviles y tan felices! Como todo este fenómeno es tan nuevo, los psicólogos están divididos sobre el tema. Solo sé que muchos niños se ponen violentos si los padres intentan quitarles su móvil, pero no es porque lo necesitan sino porque son adictos y un adicto protegerá el objecto de su adicción con su vida. Un estudio del King’sCollege de Londres, llevado a cabo por psiquiatras, asegura que casi una cuarta parte de los jóvenes dependen tanto de sus móviles que ha saltado la voz de alarma. El informe explica que, si se les negase el acceso a su teléfono, podrían desarrollar comportamientos «violentos» o «aterrados», igual que los de un adicto cuando se le priva de aquello de lo que depende psicológicamente. Advierte también que esta adicción tiene graves consecuencias para la salud mental, informa la BBC. Algunos psicólogos dicen que no se debería de quitarles sus dispositivos y otros dicen que los padres sí tienen que limitar tiempos de uso y contenidos. Yo soy de controlar el uso, pero cuando eres madre separada como yo y le quitas las pantallas a tu hijo y su padre le vuelve a dar otros dispositivos nuevos sin controles, pues al final pierdes el control en casa, porque hoy en día la única forma de hacer que un niño haga algo es apagando sus dispositivos. Cuando un niño ve una pantalla deja de escuchar y la comunicación se corta, por tanto, hay que cortar el móvil. Los tribunales están llenos de casos de desavenencias entre padres respecto al uso de la tecnología y hasta se ha dado el caso de un niño de 15 años que denunció a su madre por malos tratos por quitarle el móvil. Mientras tanto, el sexting, las violaciones en grupo y la inteligencia artificial con imágenes manipuladas solo van en aumento. Un niño mata a sus padres y a su hermano porque su madre le corta el Wifi por no estudiar – ¿¿por qué haría un niño una cosa así?? ¡¡¿¿Porque es adicto??!! 

Yo francamente, viendo los problemas que enfrento a diario con mi hijo adolescente respecto al uso de las pantallas, y que enfrentan también muchos padres más, iría más lejos que China y la nueva plataforma catalana prohibiendo el primer móvil antes de los 16 años, y no dejaría a ningún niño usar ni tener ningún dispositivo electrónico hasta los 18 años, que es la edad mínima para fumar y beber, al tratarse todos de objetos altamente adictivos. Son los padres los que estamos convirtiendo a nuestros hijos en pequeños adictos. Muchos padres y trabajadores sociales están recomendando no quitar los dispositivos por miedo a reacciones explosivas de los niños y eso no vale: ninguna persona tiene que tener un móvil y ninguno debería ponerse violento si se lo quitan, y si lo hace, tienen serios problemas, por tanto, esta actitud de que hay que estar conectado a todas horas para evitar ataques de ansiedad no está justificada porque así estamos creando unos comportamientos adictivos sin precedentes. Es más, todos los padres nos quejamos de que nuestros hijos no nos escuchan ni nos hacen caso y, a la vez, les estamos dando los medios para que no nos escuchen, pues obviamente somos nosotros creando esa conflictividad y esa contradicción en casa, y demuestra el poco control que tenemos respecto a este problema de las nuevas tecnologías, el cual, en mi opinión, representa el mayor reto de los padres hoy en día.

Plataforma Niños sin Pantallas

¿Deberíamos dar móviles y tablets a nuestros hijos?

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